En lo que se refiere al terreno sentimental y sexual no se puede decir que sea precisamente un santo o que no haya roto un plato en mi vida. Más bien todo lo contrario, hasta el punto de llegar a ciertas dinámicas obsesivas y un tanto autodestructivas.
Sin embargo, ahora estoy atravesando una etapa más tranquila, con una aproximación más "clásica" al proceso de tener citas, conocer a alguien, etc.
Pues bien, esta situación, esta nueva actitud ¿qué ha propiciado? Pues que me convierta en una heroína del tipo de las de Marian Keyes:
Conoces a un chaval majete, quedáis para tomar algo, para dar una vuelta, para comer... Como cinco o seis veces sin que la cosa vaya más allá de unos besuqueos (rarísimo en el mundo gay). Hasta que un día por fin te lleva al huerto... Y entonces... Ya todo son problemas para quedar, una agenda apretadísima con apenas hueco, cambios de planes en el último momento...
Vivir para ver...
martes, 2 de mayo de 2017
lunes, 1 de mayo de 2017
Con la música a otra parte
Una cosa que me ha llamado siempre muchísimo la atención es la necesidad que tiene el ser humano de torturar a sus semejantes con sus pésimos gustos musicales.
Con la llegada de los teléfonos móviles y, peor aún, los altavoces portátiles, se ha recuperado y modernizado este cliché del rapero (o hiphopero o, en general, tipo con pinta chunga con más cadenas de oro que M. A. Barracus) con la radio tamaño mastodonte al hombro y la música a todo trapo. Es muy fácil ver a jovencitos (o como dirían en Italia, teenagers) por la calle, en el bus, en el metro, escuchando a un volumen no precisamente discreto tremendas bazofias.
Queridos, si sois de los que vais con la música a todo trapo por la vía pública, os recomiendo que os lo penséis dos veces (sí, pensar, eso que se hace con la cabeza aparte de llevar peinados bonitos o gorras guays): a nadie, absolutamente NADIE de vuestro alrededor le parecéis molones y vuestra música, sencillamente, APESTA (si haces algo de tan mal gusto como ir molestando con música, por muy buena que sea, a todo volumen sin respetar el hecho de que a los demás tal vez les moleste, difícil será que ese mal gusto no se refleje también en tus elecciones artísticas).
Con cariño os lo digo, ¿eh?
Con la llegada de los teléfonos móviles y, peor aún, los altavoces portátiles, se ha recuperado y modernizado este cliché del rapero (o hiphopero o, en general, tipo con pinta chunga con más cadenas de oro que M. A. Barracus) con la radio tamaño mastodonte al hombro y la música a todo trapo. Es muy fácil ver a jovencitos (o como dirían en Italia, teenagers) por la calle, en el bus, en el metro, escuchando a un volumen no precisamente discreto tremendas bazofias.
Queridos, si sois de los que vais con la música a todo trapo por la vía pública, os recomiendo que os lo penséis dos veces (sí, pensar, eso que se hace con la cabeza aparte de llevar peinados bonitos o gorras guays): a nadie, absolutamente NADIE de vuestro alrededor le parecéis molones y vuestra música, sencillamente, APESTA (si haces algo de tan mal gusto como ir molestando con música, por muy buena que sea, a todo volumen sin respetar el hecho de que a los demás tal vez les moleste, difícil será que ese mal gusto no se refleje también en tus elecciones artísticas).
Con cariño os lo digo, ¿eh?
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